ESCRIBIR UNA NOVELA
- Roseta

- hace 2 horas
- 2 min de lectura
Llevo pensando un tiempo en las "grandes" escenas que surgen cuando se escribe una novela. Esos párrafos que leemos a veces y piensas, ojalá se me hubiera ocurrido a mí.
Pero después pienso en los otros, los que pasan desapercibidos y que, sin embargo, son igual o más importantes.
No es el momento de la idea inicial, cuando todo parece posible, o imposible.
Tampoco el de la primera página, cargada de expectativas. Y de miedos.
Ni siquiera el de escribir las escenas más importantes, esas que suelen venir acompañadas de emoción y de una cierta sensación de descubrimiento.
La fase de la que quiero hablar hoy es otra.
La que yo llamo "rellenar huecos".
Después de la Feria del Libro de Valencia me he regalado unas semanas con menos ruido y más tiempo para volver a mi novela. No la había abandonado, aunque la vida arrastra y no siempre le dedico el tiempo que me gustaría. Pero estas semanas me han servido para reencontrarme con ella y seguir avanzando en la redacción.
Cuando una novela lleva mucho tiempo contigo, llega un momento en que ya conoces su esqueleto. Sabes quiénes son los personajes. Sabes hacia dónde camina la historia. Incluso puedes intuir el peso emocional de cada capítulo.
Pero entre todas esas certezas quedan espacios vacíos.
Pequeños huecos narrativos.
Escenas que necesitan una transición.
Conversaciones que todavía no han encontrado sus palabras.
Detalles que parecen nimios y que, sin embargo, terminan dando profundidad y coherencia al conjunto.
Es un trabajo menos visible, pero no menos importante.
Mientras avanzo en esta etapa, me acompaña la lectura de James Joyce. Y encuentro algo reconfortante en esa convivencia entre leer y escribir. Porque cada libro que pasa por nuestras manos nos recuerda que una novela no está hecha únicamente de grandes frases. También está construida con silencios, matices y conexiones invisibles.
Quizá por eso disfruto tanto de esta fase.
Porque es aquí donde la historia deja de ser un proyecto para convertirse en una realidad.
Cada hueco que relleno me acerca un poco más la novela definitiva.
Y aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, empiezo a reconocer esa sensación que aparece cerca del final: la de estar construyendo las últimas piezas de algo que lleva mucho tiempo creciendo conmigo.
Hay novelas que se escriben a base de capítulos.
Otras se terminan rellenando huecos.
La mayoría desde el caos de la escritura.
Y, de algún modo, todas esas pequeñas costuras invisibles, todas estas fases, son las que terminan sosteniendo la historia.




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