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Cuando la inspiración llega

  • Foto del escritor: Roseta
    Roseta
  • hace 11 minutos
  • 1 Min. de lectura

No todas las historias empiezan cuando te sientas frente al ordenador. De hecho, la mayoría comienzan antes. Cuando una idea aparece sin avisar mientras paseas, una escena se te cruza al fregar los platos o una frase te despierta a las tres de la madrugada. Empiezan como una molestia suave, como algo que insiste.

Solemos llamarlo inspiración, pero no lo es del todo. La inspiración es puntual; la escritura, no. Para mí ese momento resulta ser el asalto de una imagen disparadora que te arranca las ganas de escribir. Pero eso supone que la idea crece, que vuelve una y otra vez haciéndose más grande, con personajes-persona que entran y salen, hablan, actúan. Es el principio. Ellos no vienen a deslumbrarte. Quieren su espacio. Y entonces llega la escucha. Observarlos hacer. Con sus locuras y corduras. Con aciertos y errores.

No son tus marionetas, no te equivoques.

Eres a quien han elegido para contarte su mundo.

Nunca harán lo que tú quieras. Son ellos y sus verdades, acertadas o no, los que han llegado para compartir un tiempo de vida. Que te aferres al ordenador pidiéndoles que hagan cosas, no te servirá de nada.

Pasa tiempo con ellos, míralos, disfruta de la película que te ofrecen, la mayoría inservible... Pero, ¡ay!, si te quedas ahí, qué bonito lo que sigue, la complicidad y la vida que te regalan.

Y qué poco te queda por hacer a ti, que sigues viéndolos a todas horas, invadiendo tu vida, a golpe de letras, y muy pocas veces, a golpe de teclas.

¿Te gusta escribir? ¿Cómo sientes ese primer impulso? ¿O prefieres un diario y hablarte en silencio?

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