"Los personajes son mis soldados" Joshua Cohen y Unamuno

"A la hora de escribir me veo como un general y los personajes son mis soldados. Puedo enviarlos a la batalla, a que hagan una emboscada, les puedo poner en peligro y les puedo llevar hasta un límite en el que ya se amotinan y vienen a por mí. Es una metáfora que me gusta para la escritura. Al principio, cuando comienzas a escribir un libro, te parece que puedes mandar sobre los personajes, darles órdenes, que ellos hagan lo que tú quieras, pero luego llega un punto en que se rebelan y ya no tienes control sobre ellos." Este párrafo es un extracto de una entrevista a Joshua Cohen a la que recurro en muchas ocasiones. La encontré por casualidad tras la lectura de su novela Los reyes de la mudanza; historia que me impactó y que se queda conmigo para siempre. Tan acertada esta afirmación como todo lo que escribe el autor (el 19 de enero sale a la venta Los Netanyahus publicada por De Conatus).

Es verdad que, en última instancia, los personajes son creados por uno mismo, que los dotamos de identidad, de vida propia. Les hacemos creer que pueden actuar, tomar decisiones, vencernos. La verdad es que, de alguna manera, se "amotinan" en este punto y son ellos los que toman las riendas de la narración. Hay quien dice que no es muy acertado darles tanto poder, que al final debe ser el escritor quien marque el ritmo de sus personajes. A mí me da la sensación de que, al dotarlos de vida propia, les proporcionamos una consistencia que les permite escribir su propia historia. Al principio somos generales, como dice Cohen; sin embargo, pronto abandonamos este papel para convertirnos en compañeros de batalla.

Y creo sinceramente que es así, porque los personajes un día, no hace tanto, decidieron que eran reales: "Y ¿por qué no he de existir yo? —se decía—. ¿Por qué? Supongamos que es verdad que ese hombre [el autor] me ha fingido, me ha soñado, me ha producido en su imaginación; pero ¿no vivo ya en las de otros, en las de aquellos que lean el relato de mi vida? Y si vivo así en las fantasías de varios, ¿no es acaso real lo que es de varios y no de uno solo? Y ¿por qué surgiendo de las páginas del libro en que se deposite el relato de mi ficticia vida, o más bien de las mentes de aquellos que la lean —de vosotros, los que ahora leéis—, por qué no he de existir como un alma eterna y eternamente dolorosa? ¿Por qué?" (Niebla, Miguel de Unamuno).

Esa afirmación tan tajante me hizo pensar que son los personajes, esos que al principio soñé, quienes tienen vida propia, quienes, entrando en otras vidas, cobran la suya propia. De alguna manera, son ellos los que vienen a mí, y no al revés; son ellos los que tienen algo que contarme.

Durante semanas (quizá meses) soy yo quien los pienso, los obligo a que vengan conmigo a desayunar, comer y cenar (al menos eso intento y eso les recomiendo a los alumnos de los talleres de escritura). A veces, los obligo incluso a pasear por las mañanas. Hasta que un buen día, cuando decido que ya está, que los tengo a mi merced, que puedo hacer con ellos lo que quiera, que voy a crear mi propio batallón; entonces, cuando estoy confiada, se rebelan, se imponen. Y dejo de luchar al tomar conciencia de que serán ellos quienes determinen su personalidad, qué es lo que quieren hacer y cómo, de quién se van a enamorar y a quién van a odiar; cómo van a caer y a levantarse.

Y en el fondo sé que no hay nada tan valioso como cuando me despiertan a media noche y me dicen: "ven, que ayer se nos olvidó contarte". Entonces me levanto, enciendo el ordenador y cumplo mi misión. Contar su historia, que es la mía, y después, la vuestra.

Entrevista a Joshua Cohen (pincha aquíw)




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