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Corregir una novela

Me preguntan muchas veces qué me cuesta más si escribir una novela o corregirla. Siempre lo segundo, la verdad, porque hay que tener en cuenta muchos aspectos. Suelo hacer varias revisiones antes de ponerme con la corrección final. Aunque también he de reconocer que disfruto muchísimo esta etapa.

El primer consejo que te doy es que te olvides de lo bien que debe estar una novela antes de publicarla. Parece contradictorio, pero es mejor centrarse en lo que quieres contar y, más adelante, como suelo decir, ya la pondrás bonita. El trabajo es el mismo, requiere de múltiples lecturas y revisiones, pero casi con toda seguridad, no te bloquearás en la escritura del manuscrito inicial (que no será el último, ni mucho menos). Después, ya puedes centrarte en otros aspectos.

El proceso de revisión de una novela es crucial a la hora de pulir el manuscrito y transformarlo en una obra lista para su publicación. No sé si os ayudará, pero a continuación os explico las etapas y aspectos fundamentales que sigo durante este proceso.

Lo primero que suelo hacer es corregir el estilo y eso que llamamos el flujo de texto, que no es otra cosa que buscar erratas. Intento aquí mejorar la construcción de las oraciones, elegir las palabras adecuadas, evitar repeticiones innecesarias, frases “cliché” que restan originalidad a la historia, párrafos redundantes (si ya lo habías dicho, no hace falta repetirlo; tu lector es inteligente), construcciones demasiado incómodas, y una parte que a mí me gusta mucho, buscar las rimas que pueden dificultar esa “música” que requiere una novela.

En una segunda revisión busco afinar la voz narrativa. Y eso, al menos para mí, no es solo saber quién cuenta la historia, que lo tengo claro desde el inicio, sino cómo voy a contar. Eso implica pararse y reflexionar sobre si un pasaje es innecesario (intento subdividir la novela tanto como se pueda y analizar cada escena de forma independiente), si los personajes hablan por sí mismos, si todos lo hacen de la misma manera o si cada uno tiene su propia voz; y, cómo no, si has intentado manipularlos. Parece una tontería, pero en estos años he aprendido que hay muchos escritores que intentan hablar a través de los protagonistas, y ahí es donde empieza a fallar la coherencia. Como autoras, nuestra única misión es contar su historia, nada más. Incluso el narrador. No intentes manipularlo porque perderá coherencia toda tu novela. Busca si tus personajes han sufrido cambios inexplicables en su personalidad, si hay algún evento o situación que has olvidado contar, si hay elipsis narratológicas que no habías apuntado.

A continuación, repaso la trama y el ritmo. Busco inconsistencias, detalles que no concuerdan a lo largo de la historia (algún evento que no guarde orden lógico) y errores de tiempo o espacio. Analizo todos los puntos de giro, las tramas principales y secundarias, cómo evolucionan y cómo se resuelven. Si hay eso que llamo “valles” o si fluye la narración. Mover a los personajes de un sitio a otro no significa que tengas que contar hasta cómo se rascan el brazo derecho, sino que los muevas de un sitio a otro, con lógica narrativa, contando lo importante, lo que resulta imprescindible para que la acción avance.

Y esa es la clave, tanto en la narración como en los diálogos, que la acción avance. Porque, ya sabes, tus personajes y su historia han de ir del punto A al punto Z y lo mejor es que anden con fluidez. ¿Descripciones? Por supuesto, sobre todo si sabes cómo hacerlas (no a todas se nos da bien describir; cada persona tiene sus habilidades, la mía es dialogar, así que huyo de las largas descripciones porque sé que no le van a interesar a mis lectores).

Llegados a este punto, obedezco al genio de Stephen King y guardo el manuscrito un tiempo. Me cuesta, no creáis. Supongo que a todas las personas que nos dedicamos al oficio nos resulta difícil dejar que descanse nuestra obra. Después de tantos meses (quizá años) de trabajo, lo que esperamos es que, una vez repasada la última versión, la obra sea visible. Poder compartirla, disfrutarla con las lectoras y, de alguna manera, dejar volar a sus personajes.

Créeme, es mejor un tiempo de descanso. Una siesta en el largo proceso tampoco está nada mal. Después, despejadas ya, podemos volver al trabajo. Sí, porque todavía queda algo que pulir. Siempre.

Es el momento de la última lectura, que te recomiendo hagas en voz alta. Hay errores que pasan desapercibidos, pero que cuando los escuchas, saltan.

No desesperes, piensa que cada etapa contribuye a que la novela sea más clara, coherente y atractiva. Y que cuando llegues al final, estarás lista para dejarla volar.

Emoción y miedo. Es lo que toca en ese momento. Y disfrutar. Ya está.

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