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Celebrar a las escritoras

hace 6 horas
2 min de lectura

Es 19 de octubre. Día de las Escritoras. Se recuerdan los silencios, las ausencias en bibliotecas, en manuales. En nuestras vidas.

Sigue siendo necesario hoy escuchar una genealogía de voces que durante siglos luchó contra la costumbre y el olvido.

No es una celebración este día: es un acto de memoria. De lucha.

Leerlas a ellas es devolverles presencia; citarlas en una charla, una conferencia, una clase, un café es reconocer que la literatura también se ha construido desde habitaciones calladas, al margen de editoriales y, sobre todo, escondidas en otros nombres; qué casualidad, siempre masculinos.

Las escritoras no relatamos únicamente para mujeres. Qué frase tan recurrente, tan cargada de nostalgias. Escribimos sobre el poder, la guerra, el deseo, la injusticia, la maternidad, la enfermedad, la libertad o el lenguaje.

Ellas han ensanchado la experiencia humana. Allí donde una sociedad quiso imponer una única forma de ser mujer, ellas y su literatura respondieron con multitud de vidas posibles.

Virginia Woolf convirtió la habitación propia en el lugar perfecto para escribir ficción. La metáfora de ese lugar nos recuerda que no es solo una estancia: es derecho a tener tiempo, nombre y autoridad. Es la posibilidad de que una voz no tenga que pedir permiso.

Modifica el mapa.

Cambia la mirada.

Nombra una herida.

Y un deseo.

Que no nos silencien.

Ellas nunca fueron enemigas, aunque así las vieran otros. Su desdén fue también su batalla. La de unirse con voz propia. La de abrazarse y respetarse y empujarse para volar.

En esa literatura viajamos hoy nosotras. Volvemos con preguntas nuevas y una única certeza: leer a las autoras no es completar una cuota; es evitar que queden cercenadas. Comprender la literatura entera.

Celebrar el Día de las Escritoras significa mirar hacia atrás. Pero también, compromiso. Leer a las clásicas junto a las contemporáneas, escuchar sus diferencias, aprender de su lenguaje.

Ojalá sus nombres se conviertan en una lectura nuestra; y esa lectura, en presencia viva.

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