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Escribo. Creo. Pienso. Narro.

junio 2021

Casi me parece imposible que esta novela cobre forma. La escribí durante el confinamiento, en medio de una pandemia, aislada en una habitación. La soledad se desvanecía cuando notaba movimiento entre mis pies. Era Tara. Ya sabéis, esa mestiza negra casi protagonista de mi primera novela. Entre tanta soledad, entre tanto dolor, aparecieron Claudia y Dani. Una bonita historia de amor para tiempos convulsos. Idea inicial. Ahí quedó. Después, se convirtió en una novela donde la vida cobra protagonismo. Las ausencias, el amor, la soledad, el miedo.
Claudia y Dani son solo una parte de esta historia. Porque casi sin querer, casi porque ellos me obligaron, aparecieron más personajes. Más personas, diría, que convirtieron esta novela en una obra coral. Estos dos jóvenes se acompañan de Daniel y Paloma, de Mario y Verónica, los padres; de Laura y Félix, los amigos. También de  Agustín, el hermano pequeño, y de Ernesto, que quiere ser padre. 
Una historia de amor imperfecta con la vida como protagonista.

Candidata Premio de la Crítica Literaria Valenciana

Esta novela, hoy, es también vuestra. De hecho, no existiría si no la hubiera compartido con todas esas personas que me disteis una oportunidad como escritora y que confiasteis en esta novela. 
Sus protagonistas querían contarme su historia. Yo me limité a escuchar. Helena Sabater tenía mucho que confesar, y lo hizo cargada de silencio. Veintisiete años cuando abandonó a su familia, su trabajo, y a su mejor amiga. Cuando inicia una huida hacia una aldea alejada de todo y de todos. Parece una historia que hemos escuchado, que quizá ya hemos leído antes. Helena se escondió en un un lugar parecido al gris del asfalto, al negro de la noche. Todo cuanto ella soñó se destruyó cuando comienza su historia, que es esta novela. Cuando Andrés, un joven al que conoció en la universidad, la hizo suya. Así, con esa posesión que acaba con una mujer.
Esta es la historia de un viaje sin retorno, de una vida que te alcanza.