QUEVEDO EN EL SIGLO XXI

Casi siempre escribo de literatura contemporánea, pero hoy parece que tocaba recordar a los clásicos. Un 8 de septiembre moría Francisco de Quevedo, y aunque parezca lejana su literatura, sigue tan vigente hoy como lo fue en su época. Su poesía, de un ingenio increíble, hay que leerla con una gran ironía, aunque sin ese distanciamiento temporal que cabría emplear con cualquier otra obra del Siglo de Oro. Pero si su poesía nos es necesaria, mucho más lo es su prosa. Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos es, junto con El Lazarillo, una de esas obras que dan buena cuenta de la crisis social de la que parece difícil escapar.

Segovia, Alcalá o Toledo son los lugares por los que paseamos de la mano de Pablos. No son los lugares lo más importante, pero sí muestran la importancia que tenía en aquella época cambiar de ciudad para medrar (o quizá no). Como decía, no son tan importantes los lugares sino las personas (grupos sociales, diría mejor): estudiantes que gastan novatadas sin pensar en las consecuencias, un loco repúblico, un maestro de esgrima, un genovés rico (banqueros y Corona son criticados por igual).

Todo este viaje no podía acabar sin que el protagonista pasara por la prisión, de donde consigue salir sobornando a todos (desde su carcelero hasta el escribano); hiciera sus pinitos en teatro, coqueteara con monjas, se acogiera a sagrado una vez pillado en falta… e intentara escapar (momento en el que concluye toda esta picaresca) a las Indias.

Sobre si Quevedo quiso defender una postura clasista de la sociedad o, por el contrario, ser muy crítico con ella, hay diversas teorías. Me quedo con esa que dice que Quevedo puso de manifiesto la crisis a la que se había abocado la sociedad de su época.

¿No os parece más una novela del XXI?







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