La Crítica, de Jerónimo Cornelles

Crítica: Dicho de un momento o una ocasión: idóneo o más oportuno para algo. ║Inclinado a enjuiciar hechos y conductas generalmente de forma desfavorable.


Con esos ingredientes acudo al teatro. Jerónimo Cornelles siempre me sorprende con la naturalidad con la que trata los problemas sociales. Ironías que esconden una realidad muy poco optimista. Primero fue Desde el infierno, después Threesome, ahora La Crítica con la que cierra una trilogía en la que aborda el tema de la violencia hacia las mujeres a causa del heteropatriarcado, el machismo, la dejadez, la incultura o la posición de poder. No importa cuál sea el motivo, el final es el mismo: la muerte (física o no) de una mujer; la violación de su intimidad, sus derechos y su ser. Esa es la raíz, creo, que enmarca estos tres textos.

Lo que ocurrió en el escenario aquella tarde viendo La crítica fue una cosa; lo que yo sentí viéndola, fue otra muy distinta. Se presentan en el escenario dos personajes: un hombre (asesor político) y una mujer más joven que él (periodista). Ella acude a una entrevista de trabajo, piensa, por unas prácticas que solicitó. Él, antiguo profesor de la joven, que ascendió en el partido político y ahora es, o cree ser, más progre, más moderno, y más feminista que el resto del mundo, estresado por un trabajo del que se cree merecedor, adicto a la cafeína y al nuevo concepto de empresa (los partidos políticos lo son) recibe a esta chica para hablarle de su futuro en la organización. No será una simple becaria, ella ha de aspirar a mucho más, porque es buena periodista, joven, con grandes ideas, crítica con la sociedad de su tiempo y hasta con el Director General de ese partido político en el que aspira a hacer sus prácticas.

Descubrimos aquí, también, que esta joven se enamoró de su profesor, ahora un importante asesor, al que no veía desde hacía un tiempo, cuando se encontraron por casualidad en la cafetería de la sede, antes de una manifestación. Descubrimos su historia no solo por el diálogo de los personajes, sino porque, a modo de voz en off, la protagonista nos cuenta su propia versión de los hechos que dista bastante de la que nos ofrece su compañero; aunque coinciden en una cuestión: los dos tuvieron una relación sexual (la forma de entender aquellos encuentros es bastante dispar), se enamoraron (o eso dicen ambos), él le prometió que abandonaría a su mujer y ella acabó por creer que la historia de amor que dibujó en su cabeza se haría realidad.

La supuesta entrevista a la que tenía que someter a la joven queda relegada a un segundo plano, pues la vida de ambos es más importante que un puesto de trabajo; porque ya es seguro que ocupará el cargo; porque, aunque no lo creas, tú vales mucho. Y entonces la vida se impone. Él le cuenta que se ha separado (su mujer lo ha abandonado, sería mejor decir), lleva días sin dormir, consumiendo café para mantenerse despierto, intentando solventar un problema en el partido que estalló cuando a la joven se le ocurrió hacer una “crítica” en sus redes sociales y tuvieron demasiado impacto social. Aunque no importa, puesto que hay que aceptar que quienes trabajan allí son humanos, que pueden cometer errores, y que por eso la necesitan con ellos. Saben, además, que tiene a su madre muy enferma, que necesita el trabajo para poder resistir, que haría cualquier cosa por su madre. Todo eso saben. Tú vales mucho, me sigues volviendo loco, podríamos… Ya sabes, volver a nuestros hoteles.

La joven tiene momentos de debilidad que le recuerdan que hubo un tiempo maravilloso en que ellos dos fueron felices. Hay instantes en que la memoria olvida el dolor. Y él los aprovecha y le dice cuán equivocado estaba y lo que siempre la enamoró.

Por fin aparece el Director General, que ya no es un hombre, sino una mujer que ha ocupado su cargo. La Directora General sabrá arreglar el entuerto de su predecesor, aceptará a un asesor inepto pero que le vino impuesto, asumirá las reuniones diarias y nocturnas y devolverá a su partido, ese en el que militó desde su juventud, el lugar que se merece. Pues nadie, ni una joven periodista que se cree más feminista que las propias feministas, puede destruir lo que con tanto esfuerzo crearon décadas atrás. Ahí llega ella, que resuelve los conflictos de la única manera que le enseñaron: vente con nosotros y haremos de ti una persona grande. Lo único que debes hacer por nuestro partido es eliminar tu crítica, no ir a esa entrevista en la televisión, decir que todo fue un malentendido y que tú, dijeras lo que dijeras, estabas equivocada. Solo eso.

Si no cede, no pasa nada, ya que siempre se puede recurrir a una buena cantidad de dinero y silenciar las críticas, sobre todo cuando se necesita para sobrevivir en un mundo que no fue bueno con esta chica. Si ella es demasiado orgullosa con tanto desdén, no importa, que ellos se guardan un buen as bajo la manga; un ensayo clínico en un hospital de la capital, al que jamás hubiera podido acceder esa madre moribunda. Pero los amigos, los del partido, pueden echar un cable; la Directora General hará unas llamadas y solucionará los problemas del mundo, o al menos lo de esa chica. Porque las mujeres se tienen que ayudar, porque hay que trabajar el triple que un hombre por llegar al mismo sitio que ellos; porque cuando se trata de nosotras y nuestro feminismo, nos tenemos que apoyar.

Y sobre todo a mujeres como tú, transexuales.

Ella acepta el pacto, o no, nunca lo sabremos. En un mundo perfecto nadie cuestionaría su valía, no importaría su físico, accedería a un buen puesto de trabajo, tendría dinero (o no le haría falta) para vivir, aunque su madre estuviera enferma y, sobre todo, no tendría que preocuparse de cómo mejorar la vida de su progenitora puesto que el sistema lo haría por ella. Eso si este fuera un mundo perfecto. Pero no lo es.

Esto fue lo que pasó en el escenario, lo que vi. Lo que sentí fue muy diferente: la historia, la misma. El fondo, distinto. Yo vi a un hombre que maltrata, viola y abusa de una persona (no creo en las etiquetas, aunque a veces hagan falta) porque siempre tuvo una posición de poder (primero fue su profesor, ahora es su supuesto salvador. El coste a pagar es demasiado alto). Vi a un hombre que se encierra en modernismos etiquetados, en supuestos progresismos, en mentiras que enmascaran a un abyecto egoísta que lo único que quiere es sacar provecho de una situación. Vi las mismas etiquetas en una mujer que utiliza un discurso pasado de moda para salvarse; porque no nos equivoquemos, quiere salvarse ella y a su proyecto de vida en un partido que, no sé por qué, pensó que era más suyo que de las bases que lo ocupan. Vi a una mujer rastrera, maltratadora y acosadora que utiliza su posición de poder para ejercer la más ruin de todas las acciones: menospreciar a un ser humano y sacar tajada del asunto.

Eso es lo que sentí.

Esto y una interpretación brillante de Laura Useleti, en el papel de Directora General; a un Rafa Alarcón en el de asesor; y a una Candela Saus en el de mujer, transexual, periodista (o actriz, como ella dice al final de la representación), cuya historia no es la suya, o quizá un poco sí, pero también es la de muchas personas que sufrieron del egoísmo y la maldad de otras tantas que creen que pueden jugar a ser diosas.

Magnífico texto, una vez más, de Jerónimo Cornelles, con el que pude compartir unos momentos de charla. Gracias por una tarde de teatro, de vida, de reflexión, y de buen hacer.


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