La corbeta Gloria Scott

Actualizado: ene 21

La corbeta Gloria Scott es el segundo de los relatos de A. C. Doyle sobre nuestro querido Sherlock Holmes. En él descubrimos el primer caso que resolvió antes siquiera de dedicarse a la investigación, mientras nuestro protagonista estudiaba en Oxford. Es, en ese instante, cuando Holmes le ofrece a Watson unos papeles con los que se inicia toda la trama.

“La negociación de caza con Londres terminó. El guardabosques Hudson ha recibido lo necesario y ha pagado al contado moscas y todo lo que vuela. Es importante para que podamos salvar con cotos la tan codiciada vida de faisanes’.

Una nota que, en sí misma, no cobra sentido, pero que Holmes conseguirá descifrar y con la que, indirectamente, iremos conociendo a nuestro protagonista. A lo largo de este relato vemos cómo Sherlock era un estudiante solitario y autodidacta; pero también amigo de sus amigos, leal hasta el extremo. Su único amigo de aquellos años era Víctor Trevor, a quien conoció “gracias al accidente con su terrier, que me agarró el tobillo una mañana en que bajaba a la capilla. Estuve inmovilizado diez días.’ Después de aquel incidente Víctor le invitó a la casa de su padre en Norfolk, donde los tres hombres descubrirán las dotes detectivescas de Holmes. Pero ese mismo principio deductivo llevará al padre de su amigo a una especie de locura, que se agrava con la aparición en la finca de un nuevo personaje, Hudson, quien dice ser amigo del padre de Víctor Trevor.

Holmes regresa a Londres, pero su amigo le pide que vuelva siete semanas más tarde porque su padre está muriendo y cree que el único causante de ese fatal desenlace es Hudson. El porqué de ese suceso es, en sí mismo, el caso que debe resolver Holmes.

Una rocambolesca historia cuyo final nos descubrirá nuestro protagonista y que sigue, más o menos, la pauta de su primer relato Estudio en escarlata y del que no puedo contar más sin desvelar el misterio. Todavía aquí Watson es un mero narrador, muy poco implicado en los casos de Sherlock. Tampoco está plenamente desarrollada la personalidad de nuestro protagonista; aunque, eso sí, empezamos a comprender su mundo psicológico, su forma de entender la vida y las relaciones.

Nos queda mucho por aprender de este genio. Así que, aprovechando que tenemos Todo Sherlock Holmes en muestras manos, seguiremos adelante hasta encontrar a ese genio maníaco, a ese adicto, a sus enemigos (o archienemigo).

No dejéis de leer a Arthur Conan Doyle…



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