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  • Foto del escritorRoseta

La ciudad de escarcha, de Anna Marí

Nos enseñan que las ciudades son lugares en los que habitar. Con edificios en los que las familias comparten su vida. Calles por las que conversar con vecinos y amigos. Escuelas en las que las niñas aprenden y fraguan su personalidad crítica. A veces, pero, no nos enseñan que las ciudades pueden ser de escarcha, que duelen, se clavan como esquirlas, aprietan y se convierten en lugares grises de los que uno quiere escapar.

Esta es la premisa de la que parte La ciudad de escarcha, una obra compleja y dolorosa. Un texto narrativo convertido en teatro. O, quizá, un texto dramático transformado en narrativa. De ambas se nutre Anna Marí para adaptar Entre visillos, la novela de Martín Gaite que obtuvo el Premio Nadal en 1957. Un proyecto ambicioso; algunos dirán casi imposible por la complejidad de lo narrado. A Marí no le asustó y se volcó en esta creación que tiene como resultado una obra que dibuja una España de la que creemos estar muy lejos.

Una ciudad cualquiera, hace setenta años, jóvenes con inquietudes, ganas de vivir un sueño, amantes, curiosos. Jóvenes que se besan, que bailan, que se divierten. También, cómo no, de los que pensaron que la vida era como siempre, estudios, trabajo, noviazgo, matrimonio, hijos. Ellos a trabajar; ellas al hogar. Y algunas no quieren. A esas mujeres les gustaría estudiar una carrera, pintar, ser científicas, abogadas, maestras. Pero en esa ciudad de escarcha es difícil escapar de las tradiciones. Cuando asoman los vestigios de una nueva España, de una libertad casi olvidada, la ciudad genera su propia alerta: la de los murmullos, las habladurías. La escarcha, entonces, se cuela por el cuerpo y ataca al alma hasta que la abulia se instala en su ser. El miedo a la parálisis obliga a moverse, aunque no será suficiente. La mayor parte del tiempo se congela y termina por mantenerte en el mismo lugar. No hay escapatoria cuando ha tomado tu ser.

Y solo a veces, la inquietud, quizá mejor decir el amor, te lleva a escapar, a buscar el sueño. Entonces sonríes, porque al menos una persona logró sortear la escarcha. Las otras, por miedo, por comodidad, por silenciar sentimientos, se quedan ancladas en una ciudad gris, donde sus gentes se acostumbraron al frío de la noche. Al devenir de los días. A la escarcha.

Daniel Tormo, Maribel Bayona, Josep Valero, Victoria Mínguez y Anna Marí interpretan a estos jóvenes. Y lo hacen, como siempre, con la maestría a la que ya nos tiene acostumbrados CRIT. La duplicidad de personajes que representan no es óbice para que pierda ritmo la escena. La narración complementaria, los diálogos en off, la iluminación y el espacio sonoro ayudan a completar ese texto, que no está, pero se siente.

El movimiento escénico se hace imprescindible para mostrar una ciudad completa, con sus gentes, su pasado y su presente.

Sentada en la butaca de un teatro cualquiera, una persona vive, de pronto, una historia que hoy le parece lejana. O quizá no tanto, y por eso llora.

Gracias por una noche de buen teatro.

Y por la charla, las risas, la complicidad y una cena compartida.

Pincha aquí si quieres conocer más de esta obra.


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