LA ÚLTIMA CANCIÓN DE PRIMAVERA, DE SERGIO HERNÁNDEZ

Hace un año se presentaba la primera novela de Sergio Hernández.

Aquel momento fue tan sincero, tan lleno de honestidad, que recordé (me alegré) de haber compartido ese proceso de creación. Ver cómo alguien a quien viste por primera vez en un aula se convierte en escritor es, probablemente, uno de los momentos más entrañables, más hermosos.

Hace un año, pero esa novela sigue vigente. Aquella tarde, recuerdo, hablé de la madurez literaria de La última canción de primaveraT res historias cortas, que me hubiera gustado se convirtieran en tres novelas largas para poder entrar en las vidas de sus personajes. Sé que esa ‘noche’, entonces, no sería igual, ya no significaría lo mismo. Su magia reside ahí, en vivir sólo ese instante. Seis personajes que entran y golpean, porque cada palabra utilizada está meditada. Puedo imaginarme a Sergio con sus personajes, escuchando y transcribiendo cada momento; mientras, de fondo, la música lo impregnaba todo. Sé que durante el tiempo que duró aquella escritura Sergio tomó cervezas con Tatsumi y Fumiko; paseó con Amaya y Kano, y se escondió en un rincón mientras Satoru y Misako se abrazaban.

Hoy, un año después, recuerdo que perdimos la noción del lugar en el que estábamos y nos trasladamos a un mundo repleto de buena literatura.

Hoy, un año después, recuerdo que perdimos la noción del lugar en el que estábamos y nos trasladamos a un mundo repleto de buena literatura.




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