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L'abraçada dels cucs, de Paula Llorens

Acudo a la función en mi ciudad, porque tengo ganas de ver esta obra de la que solo he oído hablar en redes. A veces un tema cala dentro y quieres saber más. A ver cómo resuelven un asunto tan duro como el suicidio; y dicen que lo hacen con una sonrisa. A mí me parece un reto demasiado grande, pero Paula Llorens ya nos ha sorprendido en otras ocasiones y estoy convencida, cuando me siento en la butaca, de que no me dejará indiferente.

Dos personajes. Una joven. Un profesor. Escucho lo que les ocurre. Él acaba de llegar a la habitación de un psiquiátrico porque ha decidido acabar con su vida. Su novio lo ha dejado por otra. En el instituto tampoco comprenden su amor por la literatura; a ver a qué adolescente le va a importar cómo escribió Larra o por qué se suicidó. Pero a él le gusta imaginar que es su alter ego… Y por tanto, el suicidio es una parte más de su existencia.

Ella, la joven, ya está ingresada cuando él aparece. No quiere hablar, no quiere que la toquen ni que se acerquen. Cuanto menos contacto, mejor, menos daño causará. No quiere comer, quiere que el tiempo corra, que la vida se acabe. Demasiadas batallas no ganadas en un mundo que cuenta las batallas perdidas como un fracaso y no como un aprendizaje (yo no me quiero morir; qué dura esa frase, cuánto encierra. Toda la obra resumida en esas pocas palabras).

Esos dos seres, hastiados de la vida, deben llegar a un pacto: suicidarse. Evitar que el otro se arrepienta, que no se eche atrás.

Desde mi butaca los miro, sonrisa que asoma (a veces) y pienso, no les pasa nada. ¿Por qué se quieren suicidar? ¿Una ruptura amorosa? ¿Que tus alumnos no te entienden? ¿Que quizá no tienes el cuerpo que marcan los cánones del XXI? ¿Que no entiendes el mundo? ¿Que la vida es complicada?

Y me doy cuenta de que sin pasarles nada… les pesa todo. Especialmente la vida, la existencia. Me siento responsable de no comprender su dolor, porque quizá la vida me trató mejor y no sé verlo. Quizá a ellos no les pase nada, pero les pasa lo suficiente para que hayan decidido que es mejor no vivir. O quizá deberíamos escucharlos y pensar que, en algún momento, todos estuvimos a punto de caer. La diferencia, que conseguimos levantarnos, o que nos levantaron. Y qué fácil sería si en vez de juzgar lo que quieren hacer, escuchamos por qué lo quieren hacer. Por qué en vez de silenciar el dolor, no lo gritamos y así, quizá, sólo quizá, alguien, en algún lugar, decida que vale la pena vivir, que siempre hay alguien dispuesto a darte un abrazo, a quererte como eres, a ser feliz contigo.

Qué bonito, pienso cuando salgo del teatro, que Paula Llorens se haya atrevido con esto. Y qué bonito que haya conseguido sacarme una sonrisa, que haga tándem con Sergio Caballero, que también dirige, y que después de la función nos demos un abrazo porque, pese a todo, nos gusta la vida.

Espectaculares los dos, Sergio y Paula, en un montaje tan complicado y que llega a lo más hondo a través de la sonrisa. Tanto, que fuimos capaces de cantar, aplaudir y reír mientras ellos decidían darle una oportunidad a la vida.

Este fin de semana están en Valencia, en el Teatre El Musical. Y no podéis, no debemos, perdernos la oportunidad de ser amigos de esos dos personajes que se interpretan sobre el escenario. Porque ellos consiguen hacernos reflexionar sobre el suicidio mientras luchan con sus conflictos interiores, mientras se reconocen como seres iguales, mientras logran darle una oportunidad a la vida.

Gracias por una noche de risas, música y esperanza en el ser humano.

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