Juego de sueños, de Francisco Santos Muñoz Rico

Vigilia, antesala de los sueños, sueño lúcido, sueño oscúrido… ¿En qué estadio te encuentras? No lo sabrás mientras lees esta novela de Francisco Santos, quien juega a desequilibrar al lector, a hacerle creer que su protagonista está en vigilia cuando está dormido (que no durmiendo), que sueña cuando está despierto, o que juega a soñar, mientras su vida transcurre repleta de irrealidades reales.

Sabrás que lo son si te atreves a llegar hasta el final, momento en el que, quizá, descubras que su protagonista (en cualquiera de todas sus fases de soñador) no te engaña, o sí (vete a saber). Quizá te esté contando una historia que le ocurrió a él (quizá solo la soñó). Tal vez descubras que es un ser humano, de carne y hueso, de esos que pululan por la ciudad, de esos que un día te cruzas por la calle, en el trabajo. O si lo piensas bien, puede ser un loco soñador disfrazado de humano. No sabrás bien si quien te habla te cuenta su historia, la que a él le ocurrió, esa que intenta recordar al principio de este relato; o quien te habla es alguien que se divirtió engañándote, adentrándote en un mundo onírico de juegos y realidades en las que nunca llegas a saber dónde estás.

Tal vez todo tenga su explicación, sencilla, y el protagonista vague despierto por la ciudad, viendo teatro callejero, de ese en el que lo único que te importa es la belleza de la actriz. Lo demás, pura parafernalia. Después, a solas, tumbado en la cama, en esa otra belleza que tiene la imaginación, uno vague por un mundo ideado e ideal, en el que todo fluye. En el que lo que molesta desaparece, ya no está; en el que lo hermoso, se queda para siempre (o, al menos, se queda hasta que tú le dejas marchar). Quizá nuestro protagonista tenga una de esas vidas monótonas donde alguien te ama con locura, pero a quien tú dejaste de amar, y entonces, a solas, en la oscuridad, en esa antesala de los sueños, consigas dibujar un mundo en el que ella, tal vez, ya no esté. O mejor, en el que ella siga estando, porque te quiere hasta donde una persona es capaz de amar.

Lo mejor de esos sueños es que puedes pasear por el Prado y disfrutar de El Bosco, de sus obras, de ese momento en el que una pintura se convierte en realidad, te habla, te grita, te dice todo eso que necesitas saber. Las claves para seguir en tu sueño… o despertar. Lo mejor de los sueños es que puedes ser quien tú quieras, desde una cucaracha a un maníaco; puedes ser el personaje de un escritor célebre, o puedes ser el personaje que tú creaste en ese mundo onírico, irreal, fantástico; o tan real como la vida, quién sabe. Lo mejor de los sueños es que sus personajes pueden convertirse en realidad, hacerlos creíbles (o increíbles), poderosos, aunque humanos; jugadores como tú que alcanzaron a llegar a esa partida onírica en la que nunca sabes dónde quedó la vigilia, el sueño, la realidad, la vida…

“Tal vez el mundo origen del jugador de sueños se había convertido en su propia mente; o tal vez había sido su mente la que había fagocitado la realidad del mundo”.



 
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