El Zombi. Una historia verídica (Francisco Santos Muñoz Rico)

El Zombi. Una historia verídica. Este es el título de una de las novelas de Francisco Santos Muñoz Rico, autor prolífico, capaz de escribir en tono satírico o en trágico; capaz de escribir una historia de amor, o de desamor, y después ponerse delante del escritorio y crear una obra como la que acabo de disfrutar. Si uno lee el título ya sabe que ha de querer jugar; zombis e historias verídicas son antitéticas (aunque no descartaremos en un futuro lejano e incierto que se convierta en realidad palpable).

Si hubiera encontrado en una librería esta novela, os aseguro que no la hubiera comprado. Los zombis y una servidora no se llevan bien. Pero si viene con la firma de Francisco Santos, me quedo con él. Dicen que los autopublicados suelen ser autores menores; pues a mí me gustaría serlo, porque la pluma de este autor es soberbia (su pluma, que no el autor), encandila desde el primer verso (que también es poeta) o desde la primera línea. Cuando me hizo llegar este libro me regaló una dedicatoria. No la transcribo pero os dejo una única frase: “espero sacarte alguna carcajada”. La verdad es que es una novela plagada de ironía, aunque no conseguí reírme con ella. Demasiado dura, demasiado real, demasiada picaresca para que consiga sacarme una carcajada. Así se lo hice saber. “Reírme, reírme, no demasiado; me da mucha pena este personaje”. Y le apostillé al autor: “Esta novela es picaresca en estado puro. Me recuerda al Lazarillo”. Como Lázaro de Tormes, nuestro protagonista nos va contado su historia de pícaro inocente, enmascarando su terrible realidad en una vida camuflada de felicidad. También pretende ascender, no sé si en la escala social o en la suya propia, pero de alguna manera le gustaría a nuestro protagonista medrar, salir de esa rutina de los bajos fondos en la que un día, sin saber muy bien por qué, quizá la mala fortuna, quizá la vida, cayó.

Su madre, el Canicas, don Basilio, doña Milagros, el Salchicha, Hércules, Sonia o el mismo Zombi acompañan a este lazarillo en su nueva vida; esa que se desdibuja de la realidad, en la que la venganza, la aceptación, la falsa riqueza o la buena vida se asoman para mostrarnos la triste realidad de nuestro protagonista.

Desde la primera línea caes en la trampa del autor, o de su personaje, “Puede que desde el cómodo lecho de mi ataúd me resulte fácil contar la historia que me propongo contar. O puede que no. Perdonad si distorsiono un poco, pero es que yo soy así, distorsionador”. Y a partir de ahí, quien se atreva a adentrarse en la historia sabe que se dejará atrapar por una novela distorsionada, desdibujada, como la propia realidad. ¿Quién no engaña a la memoria y a los recuerdos para que no sean tan dolorosos? Eso hace nuestro amigo, aunque más inocente que el Lazarillo, no deja de ser, a lo largo de esta maravillosa prosa, un pícaro.

Increíble historia con la que Francisco Santos ha vuelto a sorprenderme (no deja de hacerlo, de verdad). El Zombi se queda conmigo para siempre. Creo que nunca he odiado más terminar una novela. Leedla, y después me contáis…

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