• Roseta

EL RÍO BAJA SUCIO, DAVID TRUEBA

“Dos amigos, un río contaminado y unas vacaciones que cambiarán sus vidas para siempre”. Así se nos presenta la última novela de David Trueba, El río baja sucio. Una historia que transcurre durante unas vacaciones de Pascua, en nueve días, que se corresponden con los nueve capítulos de este brillante texto. Hablar de la narrativa de Trueba es, en mi opinión, hablar de un narrador contemporáneo, que cuenta en cada uno de sus párrafos una historia compleja. Casi nunca puedes saltar una línea (no vale con él la lectura en diagonal) porque pierdes la esencia de una forma de narrar particular, sin excesos, pero sin escatimar en el uso de un lenguaje literario impoluto. Eso es, para mí, Trueba. Le admiro, mucho, por su forma de contar historias.

Pero esta novela me ha sorprendido. Ha abandonado esa narrativa para adentrarse en el lenguaje adolescente. Aunque no por ello lo hace de forma mediocre o simplona; muy al contrario, se adapta al contexto y a las edades. Por eso, si todavía guardas en la memoria cómo eran los catorce, cuando te ibas a la sierra (al apartamento o al chalet del pueblo vecino) sabrás qué sienten nuestros personajes. Máxime cuando para Tomás, uno de sus protagonistas, será la última vez que disfrute de unas vacaciones así. Su madre ha decidido vender el chalet en el que pasó su adolescencia, porque ya nada es igual. El río, donde antes se bañaba, está contaminado; los árboles han sido cercenados para construir… quién sabe qué; la zona boscosa donde los jóvenes se acariciaban ahora es una cantera de la que es dueño el familiar de uno de esos politicuchos que creyó que todo se podía comprar y todo se podía vender.

Tomás, aunque hable poco, aunque siempre quede rezagado, es el mayor observador de esta historia. A través de sus particulares ojos observamos cómo es la adolescencia: los primeros escarceos, las primeras decisiones como “adultos”, las primeras transgresiones; pero también, la inocencia. Su mejor amigo, Martín, al que sabe que perderá con el paso de los años, podríamos decir que es su antagonista (aunque no lo es).

Personalidades contrapuestas que no dejan por ello de enseñar cómo es una relación de amigos de la infancia. Un día conocen a Ros, que también creció en la aldea, como las madres de Tomás y Martín. Ros ha vuelto ahora para quedarse allí. Su paso por la cárcel le ha hecho pensar en lo que de verdad necesita y quiere pelear por ello. Se lo impiden casi todos, aunque algunos echan mano del recuerdo más cercano. Tomás y Martín, junto con Gaspar (aunque no lo sabe) se convertirán en sus aliados en esa lucha por recuperar la idea bucólica de una zona que otros quieren explotar. Pero la realidad siempre choca con la utopía. Y desenlaza, casi sin tú quererlo, en una historia que hará madurar, de golpe certero, a dos adolescentes que creían que el problema más grave del mundo era que te quitaran el móvil unas vacaciones o que te impidieran salir a la carretera con la bicicleta.

Dice Trueba que escribió esta novela para no competir con él mismo y el resto de sus novelas. No sé qué contestarle a eso. Sólo que en esta vuelve a conseguirlo. Tú eres protagonista, aunque resulte confuso que se dirija a ti mientras estás leyendo. De pronto eres Tomás; de pronto Tomás te está hablando. Podría decir muchas cosas de esta novela, pero creo que bastará si os digo que lo único que espero es poderle dar las gracias a Trueba por este regalo.




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