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El ladrón de destinos (o cómo aprendí a escribir)

“No os estoy contando esta historia para animaros a todos vosotros […] sino más bien para daros a entender lo que probablemente será la próxima década de vuestras vidas, que es intentar aseguraros de que no os despertáis a los treinta y dos o treinta y cinco o cuarenta años en un vida que os ha sucedido cuando no estabais prestándole toda la atención que debíais.” Esta es una de las tantas frases de Richard Russo (Premio Pulitzer de Obras de Ficción, 2002) que me golpeó durante la lectura de su ensayo El ladrón de destinos. El subtítulo, Ensayos sobre escritura, escritores y la vida, resume muy bien su contenido.

Me llamó la atención su manera de entender la escritura, su seguridad en lo que hacía (como nos pasa a la mayoría) hasta que alguien llegó y le dijo: "te sobran doscientas páginas de esa novela infumable que has escrito". Fue su mayor aprendizaje, así lo cuenta. Más o menos esa es la premisa, si atiendes a lo que dicen los escritores consagrados, deshacerse de un diez por cien de lo escrito (recomendación de Stephen King; Murakami apunta hacia el mismo porcentaje).

Quizá sea una lección que todas aquellas personas que se dedican a la escritura deberían aprender: deshacerse de una buena parte antes de dar por terminada la obra. También, y en esto coinciden, en leer hasta que se te caigan los ojos. Cuanto más leas, mejor escribes.

Me quedo con esas reflexiones, las guardo en la memoria y las retomo cada día. Leer y borrar, podría haber titulado esta entrada. Sin embargo, creo que hay algo más. Hay que querer escribir, y hacerlo bien, que no es fácil. El propio Russo lo explica con una imagen gráfica que deberíamos aplicarnos si queremos contar una buena historia: No se trata de A+B+C; sino de que A mueve a B que resulta C.

Así es la escritura y así es la vida. No somos una enumeración de sucesos (mucho menos cuando escribimos), somos actos que nos pasan, seres complejos que narramos y vivimos; consecuencias de nuestras acciones, de nuestras decisiones, de nuestra vida.

"La escritura, por tanto, también es una expectativa de futuro y de presente. Y en este ha de haber un aprendizaje; algo que no acepta la mayoría, ni en la vida, ni en la escritura. Craso error". Palabras del autor que me calaron dentro. No es que se pueda aprender, es que se debe, porque nadie, dice Russo, por el mero hecho de haber nacido sabe vivir; y nadie, por el mero hecho de saber escribir es escritor.

Ardua tarea la que nos queda a los que, como diría Vargas Llosa, todavía somos escribidores.

Os recomiendo, si os gusta este autor, la entrevista titulada One on one with Richard Russo (en inglés).


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1 Comment


Carolina Casañ
Carolina Casañ
Mar 15, 2023

Rosa, de verdad que eliminar lo que sobra de un texto puede hacer que esté se convierta en una obra de arte. Y no hacerlo, puede convertir un proyecto bueno en algo mediocre o algo peor: un despropósito.

A veces lo que hay que hacer es dejar reposar el texto, para retomar su lectura (y corrección) con ojos nuevos. La percepción se satura y leer 100 veces seguidas un texto no contribuye a que mejore, sino a que los errores no se vean. De la misma manera que nadie se toma su sopa a 50 grados, nadie debería corregir un texto sin dejarlo reposar al menos una semana entre revisión y revisión.


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