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  • Foto del escritorRoseta

Drácula, de Bram Stoker

Hay libros que marcan una infancia. Debía de tener unos once años, no más. Me mandaron leer en el colegio un libro de vampiros. O eso parecía por la portada. Después, claro, resultó que nos habían ‘obligado’ a leer un clásico. Y así conocí quién era Bram Stoker, por qué su literatura se leía pasados cien años y por qué Drácula era uno de esos personajes que se quedaría conmigo para siempre. Drácula ha cobrado vida propia, es casi más famoso que su propio creador. Y eso, de alguna manera, es algo injusto, pues esta novela rompe algunos de los cánones de la novela decimonónica, como la ausencia de narrador omnisciente, o la convergencia en los puntos de vista. También, es obvio, frases que muestran una forma de entender el mundo. Esta que os transcribo es un claro ejemplo. “Razonas bien, y tu mente es astuta, pero tienes demasiados prejuicios. No dejas que tus ojos vean lo que tus oídos escuchan”. Una novela que me enseñó que los clásicos son muy, muy interesantes .



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