Clavícula, de Marta Sanz

Hace semanas que terminé esta novela y tenía muchas ganas de subir la reseña, porque es de esos libros que merecen la pena. No había leído nada de Marta Sanz con anterioridad, pero formaba parte de un grupo de conferenciantes de un taller de escritura que realicé y una es así, no se presenta a un taller sin haber leído nada de esa autora. Empecé la novela. Clavícula lleva por título. Me atrapó. Me reía un segundo y al siguiente me sentía fatal: la pobre Marta estaba sufriendo, aunque nadie la entendiera. Me puse en su piel, porque también a veces me he sentido como ella, enferma. Y sí, quizá Marta no lo estaba (o no tanto como pensaba), pero quiénes somos para juzgar. Se desgañita la autora, aunque lo haga a veces con un lenguaje culto, como si así se entendiera mejor. Otras comparte sentimientos con una sencillez que toca el alma. Esta escritura autoficcional me ha emocionado. No es un diario, aunque alguna vez lo quiso ser; tampoco es una novela al uso, no creáis. Es una narración sacada de lo más profundo, no sé si de las entrañas o de más abajo. Una novela que nos posiciona en un tiempo de incertidumbre, de miedo, de incoherencias. Y nadie dijo que eso no se pudiera sentir en el cuerpo, no pudiera doler como el peor de los males. El alma duele, y si se apodera de ella el cerebro, todavía más. Un libro imprescindible por la forma de narrar y por su historia. Ahora, de casualidad, me siento mucho más cerca de Marta Sanz, también un poco menos incomprendida. A veces, incluso, estuve tentada de contestarle a muchos de sus pasajes, de sus días inciertos. Quise escribir a su manera, con ese manejo del lenguaje que sólo les está permitido a las maestras.

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