ADIOSES PERENNES

Actualizado: jun 3

Estas hermosos palabras las dicen mis editores... Hoy en un día especial, #Relatos2020 se despide con Rosa Sanmartin y su "Adioses perennes"; un relato que toca el alma del lector. Gracias a todos por el apoyo, tenéis una biblioteca con más de 20 historias creadas por sus autores para vosotros.

Estoy sentada frente a Clara. No sé quién ha hecho el café que nos estamos tomando. Tal vez, mientras ella subía en el ascensor, he puesto la cafetera. No lo recuerdo. La miro despacio. Lleva puesto el vestido verde que le compré por su cumpleaños. Me está hablando, aunque no entiendo muy bien sobre qué. He dejado de escucharla. Solo quiero verla sonreír con ese vestido. Me parece que es la primera vez que se lo pone.

Clara se ha dado cuenta de mi ausencia, porque me pregunta si la estoy escuchando. Le respondo que sí, aunque es mentira. Ella, entonces, me dice que he de reponerme de lo de papá, que ya ha pasado mucho tiempo. Y yo le digo que sí, que tiene razón, pero que cuarenta años es una vida entera. Tiempo al tiempo, acabo por contestarle.

Sin embargo, estoy segura de que estos vacíos, estas lagunas, este perder la memoria en el pasado es otra cosa.

No es la primera vez que me ocurre y me da miedo.

Todo esto me pasa desde que Antonio no está conmigo. Antes, cuando éramos dos, mi mente no volaba a otros lugares. Simplemente vivía el presente, el estar uno al lado del otro, el disfrutar de nuestra Clara que se había hecho mayor y había empezado una vida nueva, en otra casa, igual que habíamos hecho nosotros cuarenta años atrás. Pero desde que Antonio se fue, nada es igual. Los días se hacen largos en el enorme salón de una casa vacía. Las noches se convierten en un silencio que pesa; un silencio que no consigo ahogar con el murmullo de la televisión.

Por eso estoy así, aunque no se lo diga a Clara. Me despisto a menudo y, a veces, me encuentro en lugares a los que no sé cómo he llegado. La primera vez que me ocurrió estaba en el pasillo del supermercado. Me pareció, entonces, que despertaba de un sueño y no supe qué estaba haciendo allí ni lo que había ido a comprar. Al principio quise engañarme pensando que eran cosas de la edad, del sufrimiento pasado, pero sé que no; sé que aquí se esconde algo más.

Clara me saca de mis pensamientos cuando se pone de pie. La vuelvo a mirar. Dice que se va, que tiene que recoger a Julia de la guardería y que volverá mañana. Le sonrío y le digo que esté tranquila, que todo va bien.

Aunque todo va mal.


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