Un 23 de abril cualquiera

Despierta nublado. Atenta, escucho el sonido de la calle, observo las figuras desdibujadas por los cristales de las ventanas. Así es la ciudad cuando despierta. Ahora que casi todos estamos dentro y muy pocos fuera.

Me gusta el sol por las mañanas rozando las plantas, los ladridos que reclaman un desayuno, el olor a café recién hecho. Los pájaros que dejaron el nido. Me gustan las conversaciones cotidianas que invaden el despertar. Los bostezos. El beso de buenos días. El geranio repleto de flores. Las conversaciones al teléfono. El saludo de alguien con bolsas en las manos.

Si tengo suerte y cierro los ojos me daré una ducha, cogeré dos o tres bolígrafos y caminaré por el río hasta la Alameda. Allí habrá cientos de personas que esperan sus libros. Editores que fotografían su última novedad. Libreros que sonríen. Autores emocionados con su novela abrazada. Si cierro los ojos estaremos todos juntos en una explanada soñando libros, soñando libres.

Feliz Día del Libro.



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